domingo, 12 de junio de 2011
El sol se escondía tras aquella campiña verde. Aquel día tocaba a su fin. Una suave brisa se levantó sobre los árboles. El bosque cobraba vida, y los animales comenzaban a abandonar su refugio diurno. Conforme la luna se hospedaba en el cielo, la vida explotaba en la tierra. La quietud de aquel atardecer mágico sólo quedaba roto por el susurro de la brisa al arrastrarse sobre las briznas de hierba.
Hope will never go.
Cuando llegue el día en el que sientas que tus piernas tiemblan; tu corazón se cansa y tu mente no encuentra la manera de vislumbrar un camino de luz, no cierres los ojos. Ábrelos con más fuerza que nunca y date la vuelta. ¿Ves esa larga estela que tus pasos van dejando tras de sí? Pues sigue caminando y haz que esa sucesión de pisadas llegue hasta el infinito.
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