domingo, 12 de junio de 2011

El sol se escondía tras aquella campiña verde. Aquel día tocaba a su fin. Una suave brisa se levantó sobre los árboles. El bosque cobraba vida, y los animales comenzaban a abandonar su refugio diurno. Conforme la luna se hospedaba en el cielo, la vida explotaba en la tierra. La quietud de aquel atardecer mágico sólo quedaba roto por el susurro de la brisa al arrastrarse sobre las briznas de hierba.

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