martes, 6 de diciembre de 2011

Caminar sobre baldosas húmedas por una calle desierta. Sólo oír el rumor de los coches y el incesante ruido de la lluvia estrellándose al caer. Sentirse calado hasta los huesos y, al mismo tiempo, perfectamente seco. Un paraguas protector para resguardarse de esa noche desapacible que nadie quiere que pase.

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