jueves, 16 de febrero de 2012

Big X

Actualmente vivimos inmersos en una sociedad ahogada en la globalización. Obviamente, esta particularidad nos proporciona grandes beneficios, entre los que se encuentran las desigualdades sociales, económicas, laborales, políticas (entre muchas otras) que miles (millones) de personas sufren, queriendo o sin querer, todos los días de su vida. Como consecuencia, el dinero se ha erigido como el arma definitiva con el que hacerse fuerte y desplegar la tiranía. Las grandes multinacionales, bancos y otras empresas explotan este recurso al máximo, con el honrado fin de enriquecerse. Huelga decir que por encima de cuántos haya que pasar para conseguir esa riqueza es irreverente.
Teniendo esto en cuenta, los ciudadanos del mundo somos víctimas del propio sistema capitalista que nuestros colegas de raza han instituido. Quizá no hayamos querido que se convierta en esto; quizá sí. En cualquier caso, da igual porque la realidad que toca vivir es ésta y hay que tragar con ello. No hay otra. Son las cosas de la vida: unos mandan y otros, los débiles, obedecen. Así somos diariamente reconducidos como ovejitas ante la perspectiva de una mano fiera de un pastor inflexivo.
¿Se puede esperar algún tipo de cambio? Me gustaría tener la respuesta a esta interesante pregunta. Por el momento, y visto lo visto, sólo puedo decir que si esto sigue así, pronto no sabremos dónde empieza, o termina, la capacidad del ser humano para humillar a sus iguales.

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