sábado, 2 de abril de 2011

Stop for a while.


Decidió correr. Correr tan rápido como le permitiese su corazón. Quería vivir rápido; vivir intensamente; vivir al máximo. Nunca miró atrás, y ni siquiera llegó a percatarse de que todo aquello que pasaba fugazmente a través de sus ojos era inestimable, de valor incalculable. Algo que nunca podría recuperar aunque lo desease con toda su alma.

Después de que su carrera le deparase caídas y traspiés innumerables, tras levantarse mil y una veces, comenzó a sentirse cansado. Cansado de vivir, cansado de soñar, cansado de saltar, de gritar y de correr. Exhausto.

Fue entonces cuando, mientras paseaba junto al mar, bajo la luz rojiza del atardecer, una irritante pregunta le asaltó su turbulenta mente.
«¿Qué hubiera ocurrido si, por un sólo instante, hubiese detenido mi correr incesante para contemplar la belleza de todo lo que tenía a mi alrededor?»

Para su desgracia, nunca podría conocer la respuesta. Tan rápido corrió que, cuando se le ocurrió echar la vista atrás, el camino recorrido hacía ya tiempo que se había esfumado tras él.

No hay comentarios:

Publicar un comentario