¿Eh? ¿Qué te pasa? ¿No tienes ganas de vivir? No te preocupes; yo tampoco. ¿Pero sabes qué? La vida vale demasiado como para dejarla escapar así como así. ¿No me entiendes? Yo tampoco me entiendo. ¿Pero sabes qué? Aunque no desee vivir ni un minuto más, sé que debo hacerlo. Estoy seguro de que la solución no está en, simplemente, dejar todo atrás. Te propongo una alternativa. Aceptarla o no está en tu mano, y te ruego que, por favor, lo hagas con la mayor sinceridad que seas capaz de transmitirme.
Te propongo, pues, que me des la mano y vengas conmigo. ¿Adónde? No lo sé. Llevo toda mi vida tratando de buscar el rumbo correcto sobre el que guiar mis pasos, y aún sigo sin encontrarlo. Sin embargo, si esta vez cuento contigo a mi lado, las posibilidades de que vuelva a perderme son remotas. Y bueno, después de todo, si nos perdemos, tenemos toda una vida por delante para volver a encontrar el camino de vuelta. Nunca es tarde, al menos para esto, si deseamos retroceder.
Ya lo sabes. Te propongo un camino diferente; una ruta que se muestra vacía ante nosotros, y que nos llama para que la recorramos. En esta ocasión lo haremos con calma, poco a poco, midiendo con cautela cada paso, pues no queremos desviarnos por la dirección equivocada, ¿verdad?
Dame la mano y déjate llevar. Confía en mí, al menos hasta que no te demuestre que ya no debes hacerlo.
¿Nerviosa? No te preocupes. Mira arriba. ¿Ves el cielo? Es una noche clara. Siente el viento en tu cara. Aferra mi mano y no te sueltes. Cuando lleguemos, te avisaré; no temas.
¿La senda; el lugar; la dirección; el camino...? Segunda estrella a la derecha, y todo recto hacia el amanecer.
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